Agosto tiene esas cosas

¿Matarla de un tiro en la frente? No.
Sería muy desinteresado y muy poco doloroso. Sería…sería terminar con ella ahorrándole sufrimiento.
¿Un tiro en la rodilla? Dulce bienestar, un buen momento para verla desparramarse en el piso. Pero… una pierna menos pero el ego intacto.
Cuando se haga de noche y el pueblo duerma llego a su casa por la esquina menos iluminada y espero en el zaguán.
¿Esperar? Ahora que lo digo suena poco convincente. ¿Hasta cuándo vamos a seguir bancando esto? 
Tiene que estar bien oscuro para ocultarme, bah…eso es lo bueno que tiene agosto. La noche bien negra, los remiseros en la estación de trenes, las esquinas escarchadas…no hay peligro, no anda nadie en Pringles a esas horas en agosto. Estuviste muy bien en fijarte en el almanaque cuando era luna nueva. No lo había pensado.

El vértigo, el hartazgo. Es todo aire frío en la esquina de la casa, ¿te das cuenta?. Imaginate…minutos mas tarde la dueña de esos macetones ridículos y echados al olvido estará viajando en la caja de la camioneta, acá atrás. Perfecto.

Te juro que los tres años de secundaria me salen por la garganta. Tres años de mal gusto, de poco goce, de mucho goce suyo, lógico. Que mujer insensible por favor. Encima me estoy acordando del maletín, de esos rulos, del olor a cítrico, de esos ojos grises. Parecía que nos clavaba con alfileres cuando miraba al fondo, cuesta creer que sentía placer por vernos sufrir.
Ok. Ahora me bajo porque si sigo pensando en voz alta me caliento al pedo.
Me bajo, si, si.
Vos estate atento a la entrada desde la otra esquina que yo ni bien llego al zaguán veo si está en el comedor y salto por atrás.
Si querés entrar en clima pensá en cómo te la hizo pasar.
Prende el motor y esperanos sobre el cordón. No me mires así, ¿hasta dónde te llega al miedo? Por favor.
Escuchame…sino no estarías acá.
¡Las cuatro veces que la rendiste, las cuatro las desaprobaste!
¿Qué? Ahhh… ¿No terminaste la secundaria? ¡Ves! ¡Con más razón hermano!
Repito: Pensá en voz alta, puteá si es necesario total nadie te escucha.
Por eso, acordate de todo. Yo te espero en el zaguán. Frená en el cordón que la subimos y salimos a la ruta.

Quiero que vea bien mi cara. Que me vea bien los años, que me va las mejillas gastadas. Quiero que escuche porque me meto en su casa, porque la miro como la miro.
Quiero darle un tiempo para todo eso, ¿entendés? Voy a sentarme delante de ella  así ve bien mi cara. Así se le viene a la cabeza la imagen mía con el guardapolvo.
Y acá, la primera parte: Voy a darle uno a uno los ítems detallados de por qué la busco. De por qué entro por la ventana del jardín, para ver su cara virar de color, de temperatura.  Cuando le mire los ojos grises y le diga que vine a buscarla para llevarla a su último lugar, a un galpón cerca de las sierras. Listo. Cómodamente perdido. Ah, y con rodajas de pan duro y algo de leche cortada. 
Ella y sus matemáticas y un montón de putas noches soñando con lo mismo, por lo menos dejame que el encuentro se divida en dos partes. Después de hablarle y llevarla al galpón, dejarla morir es la mejor parte.
¿Cómo que no te expliqué como vamos a terminarlo?
Sufrimos por soñar y acordarnos de ella y ahora, ¿ahora te hacés el desentendido?
¡A ver! ¡ abrime esta puerta che! ¿Cuánto hace que la tenés así? Tratá que no se nos abra en la ruta te lo pido por favor.
¿Ya te acordaste? Se te nota en la cara hermano, si habremos jodido con eso de que no existe el sueño para el que no tiene párpados.
Abrime, dale.