Carta al Dr. Catentini


En Coronel Pringles, a 7 de febrero de 2012.


Sr. Alberto Catentini, muy buenos días.

Me dijeron que la carta sólo la recibirá si está hecha por computadora, yo escribo al modo criollo, después mi nieto se la llevará como lo pidió. Y esto tengo que decírselo, no sabe cuánto me molesta aclarar sobre modos criollos y cartas hechas por computadora. Hombre grande…

Antes de seguir, Dr., me presento: Mi nombre es Berta Dora Bungs Soberón y le escribo brevemente para ponerlo al tanto de la situación en la que nos encontramos con mi hermana, acá cerca, en Coronel Pringles.
Ella, Claudia Bungs Soberón cumplió sus 90 años y desde hace ya un tiempo se moviliza sólo en sillas de ruedas. En un tiempo sólo lo hacía cuando se sentía muy cansada, ahora es el único medio para ir de la habitación al comedor y, con un poco de suerte, hasta el frente de la casa a tomar un poco de aire fresco y ver el sol. Incluso en invierno, porque Claudina siempre insiste con que la lleven aunque sea un ratito, dice que el frío de Pringles le limpia los pulmones, que la limpia por dentro. No sé la cantidad de recuerdos que tendrá que enjuagar, pero si lo reclama será por algo.

Quiero dejar claro y asentado en esta carta, Dr., que si le cuento estas cosas no es para sensibilizarlo, se lo digo para llevarlo a la cotidianidad de mi casa, para que usted por un tiempito se sitúe, en vez de en ese sillón de roble, en una de las cinco sillas de mi comedor. Incluso si abre puertas a la imaginación, puede elegir en cuál de todas sentarse. Si me permite, le conviene la que da la espalda a la despensa, esa lo dejará con la ventana a la altura de los ojos, justo para ver como algunas nubes parecen descansar en el techo del vecino.
Imagínese que a mis 80 años, con mis problemas de cadera y rodillas, se me hace muy difícil mirar el cielo desde otro lado que no sea desde mi comedor, por eso algunos detalles de color.

Y ahora, retomando la cuestión, con todos mis años me cuesta mucho el cuidado de mi hermana, ella es muy grandota y casi siempre, al pasarla de la silla a la cama, por ejemplo, se asusta y el cuerpo parece que le pesa más. Es por esto que hemos contratado dos señoras que van toda la semana, de lunes a lunes para levantarla, acostarla, higienizarla y darle los cuidados primarios que necesita. Una inyección, nebulizaciones, presión, etc.

Es un costo muy alto para nuestros sueldos (de Jubilados, lógicamente), llevar al día las cuentas de la farmacia, la enfermería, impuestos municipales (lo digo más que nada por el alumbrado, barrido y limpieza, ni me hable de esto), comestibles, artículos de limpieza y desinfección, visitas médicas, y también taxis, que cada vez que mi hermana se descompensa hay que correr para el hospital, incluso a las señoras se les paga el viático cada vez que hay alguna de estas emergencias que le cuento.

Lo que solicitamos, Dr. Catentini,  es una ayuda económica para poder seguir solventando esta serie de gastos. Que seguirá siendo difícil, pero seguramente un poquito aliviada.

Lo saludo y le agradezco por la lectura.
Lo último, Dr., ¿su apellido no lleva dos “t” en algún lado?

Atentamente
Berta Dora Bungs Soberón